
“A los diecinueve encontré trabajo en una peluquería de mi barrio llamada ‘Manoli’s.’ En España hay una ley no escrita según la cual todas las peluquerías deben incluir el apóstrofo al final del nombre propio”
Esta es una de las numerosas reflexiones irónicas, sarcásticas, y, sobre todo, llenas de verdad, que hace Señorita Puri en su libro. Un libro en el que se “desnuda” completamente para contar su vida. Pero ¿la vida de quién? ¿Quién es la Señorita Puri esta? ¿De verdad no lo sabes? Señorita Puri son muchas personas y a la vez la misma. Es una twittera hiper conocida, es una bloguera amante de otros blogs (en este te la puedes haber topado alguna vez), es una madre todoterreno que combina el cuidado de su bebé con su trabajo de cajera, es muy humilde, es inteligente, es insegura, es impaciente, es graciosa, es agria, es dulce y tiene un poquito de mala leche “…mucha mala leche. Eso, que tampoco falte”.
Pero para mi, Señorita Puri es una súper compi de los interneses, más amable que todas las cosas “tú me conoces desde que empecé, desde que no era nadie, así que te voy a regalar mi libro” ¡Toma ahí! Y ¡qué libro! Pa mearse y no echar gota… o echar muchas, según se mire. Porque aquí la señora, es copy, eso no lo dice ella, lo digo yo ¿Que por qué no trabaja de eso? Leyendo el libro lo sabrás. Seguramente te verás más que identificado en algunas situaciones, pero, por mucho que te cuente del libro, hasta que no lo leas, no te harás una idea de lo divertido que es. Así que, he decidido copiar 2 fragmentitos, intentando hacer el menor spoiler posible.
“Mi primer intento fue el speeddating. Siete hombres y siete mujeres con siete minutos para conocerse por turnos. Una experiencia que en una página web adornaban con el lema “encuentros entre singles”. Eso sonaba a una reunión de discos de vinilo deprimidos porque habían caído en desuso frente al CD. Todos de pie, con ojos tirstes, fumando apoyados en la barra de un bar, soltando frases como “Estoy rayado”, “Fuimos parte de grandes revoluciones”, “Qué alivio sentía cuando me pinchaba la aguja” o “Mi chico ya no me pone” [...]“
“Sabéis la típica escena de las cárceles norteamericanas que preguntan al preso si se considera un hombre rehabilitado y tranquilo, dispuesto a asumir la libertad condicional? Bien, yo no le preguntaría nada. Yo lo sacaba de la cárcel y lo soltaba en una reunión de vecinos. A los 2 minutos el preso pasaría de su dócil actitud a estar metido de lleno en faena, defendiendo a grito pelado que la pintura de la escalera debe ser malva en lugar de beige y que qué cojones de antena parabólica, si él no habla inglés y qué a ver qué era esto, que hoy alguno se iba a ir calentito a la cama. El odio, la rabia, la violencia y todos los jinetes del Apocalipsis al galope, aflorarían juntos, poseyendo y condenando irremediablemente al convicto.”
¡Y que hayan tardado tanto tiempo en reconocer el talento redactor de esta mujer! Aunque sea por comprobar que te puedes reír con el simple hecho de que una persona compre un melón (esto va en serio), te recomiendo el libro. Para pagarlo acude a caja siete.
Gracias, Puri.





Ya me lo he empezado, llevo sólo unas 50 páginas y me estoy desorinando toa con él xDDDDD (es verídico, la gente d la playa me miraba raro, como si estuviera loca x reírme d esa manera con un libro…..)
Parece un lectura muy recomendable e interesante.