( Click para ampliar y ver el resto )
Desde este post quiero enviar mi más efusivo aplauso al padre de Max Modén, que cuando este tenía 12 años montó un cuarto oscuro en el sótano de casa para enseñar a su hijo los secretos de la fotografía. Gracias a eso hoy tenemos un fotógrafo como la copa de un pino. A eso y a sus estudios de fotografía, su formación en estudios de New York y París y sobretodo al arte innato que Max Modén lleva dentro y que ahora disfrutan sobretodo en Estocolmo, donde reside y trabaja.
Sus trabajos van desde retratos de moda, pasando por la publicidad o la fotografía documental y en cada uno de sus trabajos deja un poquito de su arte para hacer de cada encuadre, de cada disparo, de cada instante un momento fantástico lleno de texturas, colores, luces y sombras que nos transportan a lugares llenos de magia.





